dimarts, 15 de juny de 2010

JORNADA 2ª: La villa de Teror y la finca de Osorio


Nuestra segunda jornada empieza con “día despejado de mar a cumbre”, como dicen los canarios. ¡Hoy los vientos alisios nos son favorables!
Del paisaje urbano de ayer pasamos al paisaje de campo. Nuestra ruta de hoy nos lleva a visitar Teror, zona húmeda, muy rica en agua, de profundos manantiales, en la que se encuentra la Virgen del Pino, matrona de Canarias
El núcleo principal de este municipio es la imponente basílica, que data del siglo XVIII, rodeada de palacetes y casonas solariegas, que configuran el entorno histórico.
En este pueblo se respira historia, monumentalidad y naturaleza. Se trata de un lugar apacible, lleno de gente acogedora, estrechamente unida a su tierra. Sin lugar a dudas, este municipio va a dejarnos huella, impregnada en plazas, calles y monumentos. Este lugar invita al reposo, no deja impasible al caminante-peregrino que se acerca a él. ¡Un bonito retrato pictórico, con balconadas y pórticos de madera, combinados con piedra y tea canaria, y fabulosas fachadas de cálidos colores ocres, azuletes y gofios!
En palabras del mismo Miguel de Unamuno: Teror se trata de “un pueblecito de singular sosiego, que me recordó alguno de los pueblos del Miño portugués. Si no fuera por las palmeras, este árbol litúrgico que parece un gran cirio de quieta llama verde, si no fuese por los plátanos, si no fuese por las plantas tropicales, esto recordaría a las veces Galicia”. (De su obra, Por tierras de Portugal y España).
Tras un agradable paseo por el centro de la villa, nos han recibido en el Consistorio. Ahí, dos de nuestros compañeros han leído un fragmento de una de las obras de Unamuno en su paso por Teror, mientras nosotros escuchábamos atentamente en las sillas de los concejales. Después, nos han invitado a degustar productos típicos de esta zona, en la Casa de la Cultura. Al finalizar la degustación de los exquisitos manjares, nos han preparado tres talleres muy interesantes, que hemos realizado divididos en grupos.
El primer taller nos daba a conocer un típico instrumento de cuerda del folclore canario, llamado “timple”. Se trata de una especie de guitarra pequeñita, que consta de cinco cuerdas y una especie de barriga para amplificar el sonido.
El segundo taller nos enseñaba cómo preparar el “mojo”, una salsa típica de Canarias, que constaba de ajo, sal, comino, aceite, pimiento dulce y vinagre. Se “machaca” todo y queda una salsa con un sabor picante, que sirve para acompañar todo tipo de comida.
El tercer taller consistía en decorar una tarjeta con el fragmento de Unamuno, que habían leído nuestros compañeros en el Consistorio. Lo hicimos con pinturas al aceite, mezclando distintos colores, y nos llevamos un grato de recuerdo de esta actividad a nuestra tierra.
Esperábamos con ansia la hora del almuerzo, nos habían anunciado que degustaríamos algunos de los productos típicos de la zona (por segunda vez). Realmente, ha sido una comida estupenda, digna de las mejores atenciones: unos “entretenimientos” de quesos de la zona, junto a unas “papas” al mojón picón.
Por la tarde, nos recoge la guagua para llevarnos a la finca Osorio, lugar donde Unamuno se inspiró y escribió estas bellas palabras: “El frondosísimo Castañar de Osorio me recordaba más de un rincón de mi nativa tierra vasca. Y allí, en aquel castañar de Osorio, me tendí a la caída de una tarde hasta ver acostarse las colinas en la serenidad del anochecer. Es algo siempre nuevo, algo que siempre parece llevarnos a la fuente de la vida, algo que nos invita dulcemente a confundirnos con la madre tierra”.

Ha sido una jornada distinta de la del día de ayer, un poco más relajada, y de la que guardaremos un grato recuerdo. Como visitantes, hemos quedado prendados de sus rincones y de su riqueza artística, cultural y natural. Acabamos nuestro cuaderno de bitácora de hoy con los versos de la canción popular: “Ay Teror, Teror, Teror, qué lindo eres”.

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